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domingo, 9 de octubre de 2011

MORIR EN MI PUEBLO de Plácido Ramirez Carrillo








MORIR EN MI PUEBLO



Quiero morir en mi pueblo,
ser flor de su camposanto,
y ser coplilla de quintos
en la voz de los muchachos.

Quiero morir en mi pueblo
y que cante el campanario,
y que alguna beata amiga
me dedique algún rosario.

Quiero morir en mi pueblo
ser la luna en sus tejados,
para acariciar su aliento
y tirar besos al campo.

Quiero morir en mi pueblo,
ser espiga en los trigales.
Soñar en mi eterna siesta
con el sol de media tarde.

Y me dormiré soñando
con las calles de mi pueblo,
viendo jugar a los niños
con caballitos del cielo.

Dejadme dormir, dejadme,
¡Ay! golondrinas del tiempo,
que estaré abrazado siempre
al corazón de mi pueblo.



Plácido Ramirez Carrillo



sábado, 8 de octubre de 2011

DÉJAME CREER QUE TODO ES MENTIRA de Mario Jiménez








DÉJAME CREER QUE TODO ES MENTIRA




Déjame creer sólo en esta noche:
noche de poesía, noche de azucenas,
noche de mentiras y mentiras ciertas,
de mares de espuma, de voces quebradas,
de palomas cojas y flores de escarcha,
la flor del naranjo, la flor del cerezo,
del silencio tibio de tu piel fría,
de los preludios del viento,
de tus piernas bonitas.
Déjame creer no sólo en esta noche:
noche de caracola, noche de luna vieja,
de amores vespertinos que se esperezan,
de soles mojados, de lágrimas secas,
violines y clavelinas, lirios y trompetas,
del aroma hueco de tus ecos,
del agua que nace en los arrecifes,
de los besos que me robas y te debo.
Déjame creer que la mañana existe,
mañana de guitarra, mañana de jazmines,
de semáforos que duermen al alba,
de labios de papel, de ríos de charol,
de cajones que guardan tu voz,
de prendas que caen y se quitan,
de recuerdos olvidados, sirenas de taxistas,
del murmullo de tus pasos.
Déjame creer que todo es mentira,
que sólo existo yo y la madrugada.


Mario Jiménez


martes, 4 de octubre de 2011

HIPERIÓN de Santos Dominguez Ramos






HIPERIÓN 



Deja que entre la noche por el azul callado
del pájaro, en la isla fatigada del sueño,
en el inalcanzable
árbol en donde duerme su reposo de plumas.

Deja que entre la sombra en la rama que ha hervido
con la oscura trompeta del crepúsculo,
con los coros violetas
que sostenían las últimas banderas de la tarde.

Y luego, ya habitado tú también por la oscura
profundidad del vértigo,
prende en los arrabales una hoguera de espinos
y arde donde otra ardiente corona de rocío
consuma la memoria con olvido y con viento.

Porque todo es viaje. Todos somos viajeros
que transitan oscuros de una sombra a otra sombra,
de la orilla del sueño a una orilla sin nadie.



Santos Dominguez Ramos


domingo, 2 de octubre de 2011

AIRE DE CERES de Isabel Blanco Ollero





AIRE DE CERES



Me miras piedra a piedra
y se adolecen mis ojos ante tanta heredad tuya.
Vivo en la savia de tus muros
y en el silencio casi humano de tu pasado.


Te confieso, Ceres, que los lejanos soles ya no me dañan
ni siquiera las acequias inhóspitas de la tristeza,
ni aquellos hondos círculos de desencantos ocultos
que se han ido convirtiendo en polvo, en otro tipo de raíces
donde crecen airosas leyendas.

Me gustaría pensar que eres el olvido de mi epitafio,
el presente eterno del aire, la piedra de mi médula.

En este Septiembre me desnudo ante ti, me quito hasta la piel,
para enseñarte todas mis heridas
y las huellas que ha dejado la noche en mi pecho.
Sé que aún te recorro, que aún vuelo por tus calles,
donde habitan los seis arcos
y donde bailan las sombras de mis antepasados.
que sueño madrugadas de encinas
y tejados de agua que voltean a las nubes incrédulas.

La muerte no me quita nada de ti.

Aún soy la niña del norte que continúa jugando a la vida.



Isabel Blanco Ollero



martes, 27 de septiembre de 2011

CIUDAD DE CENIZA de Álvaro Valverde




CIUDAD DE CENIZA



Una ciudad es todas las ciudades.

Cruzas el mismo andén, las avenidas
iguales y lejanas, tan inhóspitas
como esos edificios que proyectan
su luz vítrea y opaca en el asfalto.

Una ciudad es sólo un sentimiento
de euforia o de catástrofe, un círculo
que es suma de otros círculos
igual de fantasmales.

Es un azar, una ciudad; un tramo
entre dos direcciones de ida y vuelta,
y un idéntico fin y un mismo origen.

Con la mirada hundida, el paso rápido,
recorres sin cesar las mismas calles
que desoladas cercan tu destino.



Álvaro Valverde


lunes, 19 de septiembre de 2011

OCTUBRE de Carmen Alegre





OCTUBRE



Porque el silencio de lo que se hunde
es como el gris de las sombras
que temen a la noche,
se parece octubre a la luz
que arde en la piedra.
Y todavía puedo sacar tu nombre
de esta boca,
y todavía pienso en tu vientre
mientras acaba la tarde.
Porque se parece octubre
a una mancha en el suelo,
a la palabra anterior a la hoja caída,
y sólo la luz es luz
cuando te nombro.


Carmen Alegre



sábado, 10 de septiembre de 2011

EL OLOR DEL OLVIDO de Víctor Manuel Jiménez Andrada





EL OLOR DEL OLVIDO





Contigo sueño, pequeña flor
de la escondida Extremadura.
Recorro las calles de un pueblo
donde jamás estuve
ni estaré.
Percibo tu perfume
en las paredes encaladas
y en cada rincón.
Busco sin buscar
la presencia de tu ausente mirada
por caminos imposibles
y carreteras desiertas.

Si algún día llego a tu puerta,
por un azar diabólico,
me abrirás con una sonrisa
para decirme que has muerto
hace tantos años
que ni el recuerdo de flores marchitas
adorna tu tumba.




Víctor Manuel Jiménez Andrada


EL PAN Y LA SAL de Basilio Sánchez





EL PAN Y LA SAL




De una casa a otra se enviaban saludos,
las cintas de humo azul de los hogares
y, con las filtraciones de las primeras luces,
algunas nubes lentas.

Entre una casa y otra los silencios
eran ruidos de platos,
una flor esmaltada en unas tazas, el murmullo
de las copas de vidrio.

Desde hace algunos años
es un pueblo vacío,
uno de esos lugares que ya no necesita del crepúsculo.

Los muros de las casas
se han ido acostumbrando
al desfallecimiento, a los rigores
de las viejas moreras, de las parras silvestres.
En medio de las plazas,
al final de las calles, las sombras de las cosas
permanecen inmóviles,
nos hablan desde fuera del tiempo.

Ahora el cielo está quieto como un campo sin nada,
como el hombre sentado que lo mira.

Como el que en la maleza
busca aún las canciones perdidas de los niños,
algunas nubes lentas para la intimidad,
para el regreso.



Basilio Sánchez


viernes, 9 de septiembre de 2011

MENSAJE DE ROBINSON A TODOS LOS NÁUFRAGOS de Irene Sánchez Carrón





MENSAJE DE ROBINSON A TODOS LOS NÁUFRAGOS




No hay certezas detrás de tanta espera.

Náufragos que pobláis cualquiera de las islas
de este mar de silencio, transcurridos los años,
admitid de una vez que habéis sido olvidados.

Quizá pasaron barcos o pudieron ser sueños.
Escuchasteis canciones hechas de blanca espuma
que venían de lejos a embriagar los sentidos.

No miréis más el agua. El mar no es salvación,
sino vuestra locura. Las olas nada ofrecen.
Perdida ya la fe, no miréis más al mar.

Dirigid vuestros pasos sin dudar tierra adentro,
sin añorar más suerte. Dominad vuestras islas,
preparad la cosecha y recibid los frutos.

Levantad vuestra casa sobre firmes cimientos,
como si en ella hubierais de estar hasta la muerte,
esperada visita que arribará a la costa.

Cercioraos de estar completamente solos
y ordenad la soledad sin rabia o desaliento,
como si nadie hubiera de encontraros jamás.



Irene Sánchez Carrón


lunes, 5 de septiembre de 2011

POEMA A EXTREMADURA de José Cercas





A EXTREMADURA




Ella es mi tierra.
Hundo mis manos en el suelo
y levanto al aire su perfil sonoro.
Allí donde madura el alcornoque
y rezuma la higuera su fruto de miel y azúcar,
donde el olivo besa desde la historia el surco del lamento,
donde la encina danza desde las raíces del llanto;
allí habita mi tierra.
Es natural como las mieses que cubren los ejidos;
su corazón está forjado por el acero que remueve el surco
y en su pecho cada día nacen guitarras que trovan despertares.
De su terreo vientre brota la aurora,
la palabra dividida y el sempiterno beso.
Yo pronuncio su nombre en el tiempo,
lo escribo en las paredes donde surgen mares olvidados,
donde sus árboles remueven el oxígeno.
Ella es mi tierra;
es un jilguero con el olvido en el pico,
es una llanura cubierta de amarillo, ¡y es azul!,
y es un desnudo arco iris que muere en el instante.
Son sus poetas que lloran versos infinitos
son jinetes, cientos de jinetes rompiendo el silencio.
La cubren las cicatrices de guerreros tristes
y la pueblan los ecos allende los mares.
Geranios rojos inundan las vidrieras
y una torre que decrepita rompe el horizonte.
Es alegre, es mi madre y mi hijo y mis hermanas,
y la boca de mi hermano que huyo del aire,
y las rosas que cubren los ojos de mi padre.
Hundo mis manos en el suelo
y levanto al aire su perfil sonoro.
Porque ella es mi tierra.


José Cercas


viernes, 2 de septiembre de 2011

VIENTO ENAMORADO de Antonia Cerrato Romo






VIENTO ENAMORADO



Es el aire el que mueve las Veletas
el que vuelca en plegaria las campanas
y esconde tras la hiedra, en albarranas,
el crotar de cigüeñas desinquietas.

Y esculpiendo su amor lanza saetas
que atraviesan escudos, barbacanas…
dulce beso que borda filigranas
en las piedras, amantes tan secretas.

Vuelto alfiz que perfila su hermosura,
de rodillas se postra en la Montaña
y declara su verbo en fina hechura,
porque es Cáceres dama a quien no engaña
lleva escrito entre yelmos y armadura
una rosa de vientos como hazaña


Antonia Cerrato Romo


miércoles, 31 de agosto de 2011

CÁCERES de Dolors Alberola





CÁCERES


Cuando la luz se incrusta entre la piedra
y el aire vierte, azul, dentelladas de noche
se eleva la ciudad, arco de sed y losas
y escaleras que, altivas, delimitan el sueño.
En ese navegar hacia la geometría,
se avienen a dormir el tiempo y la memoria
y Cáceres estira sus brazos y, desnuda,
su arquitectura es verso,
palimpsesto en que escribe su belleza la aurora.

Trina entonces el día,
las calles se despiertan, taladrando el silencio,
Santa María lanza sus campanas mojadas
y los ángeles lloran ramilletes de cera.
Todo vuelve a emprender su vuelo de sillares,
las ojivas desean convertirse en cigüeñas
y las rejas suspiran por atrapar la sombra.

Cuántos siglos vigila la Torre de Bujaco,
prohibiendo que el tiempo transcurra en los blasones.
Amarillos los pájaros descansan en su altura
y el Arco de la Estrella se cimbrea y los mece.

Ya todo queda en pie.

Con un rumor de voces que inunda la existencia
se vierte el colorido del mercado,
su latir hecho aroma,
el cierto pestañeo de puestos y persianas.

Se abren en par las puertas.

Canta el sayal del agua por lavar el cansancio,
las mujeres enjoyan sus perfiles de viento,
los niños son más niños, más juego, más paloma
y el pasado descubre, con sus ojos de mimbre,
que los hombres lo trenzan para alzar el mañana.


Dolors Alberola