viernes, 30 de septiembre de 2011

Dana o la luz detenida: Proyecto Extremadura. Que decir como extremeño. Gracias, gracias, gracias.

Dana o la luz detenida: Proyecto Extremadura. Que decir como extremeño. Gracias, gracias, gracias.


Proyecto Extremadura. Que decir como extremeño. Gracias, gracias, gracias.


La cantautora argentina Silvia Occorso y la poeta y rapsoda valenciana Rosa Iglesias, harán una gira por Extremadura, a partir de mediados de noviembre, donde harán un pequeño homenaje a la poesía actual de nuestra tierra, recitando y cantando poemas de algunos de los poetas más relevantes de nuestra región, por ello les digo, gracias, gracias, gracias.


http://proyectocaceres.blogspot.com/
Publicado por José Cercas en 06:10

jueves, 29 de septiembre de 2011

QUEDA de Emilia Oliva




QUEDA


QUEDA un rincón de parque
un sendero de brumas entre álamos
la grisura de un día de penumbras
tan lleno de humedades
un fondo de bosque no explorado
el árbol desnudo
como un grito de ramas en la senda
un banco sin nadie
lo que tus ojos ven
lejano el frío
como el ruido del mar en la rompiente
penetra en los cristales
y persiste la intemperie de saberse
ya fuera del encuadre

Emilia Oliva


martes, 27 de septiembre de 2011

CIUDAD DE CENIZA de Álvaro Valverde




CIUDAD DE CENIZA



Una ciudad es todas las ciudades.

Cruzas el mismo andén, las avenidas
iguales y lejanas, tan inhóspitas
como esos edificios que proyectan
su luz vítrea y opaca en el asfalto.

Una ciudad es sólo un sentimiento
de euforia o de catástrofe, un círculo
que es suma de otros círculos
igual de fantasmales.

Es un azar, una ciudad; un tramo
entre dos direcciones de ida y vuelta,
y un idéntico fin y un mismo origen.

Con la mirada hundida, el paso rápido,
recorres sin cesar las mismas calles
que desoladas cercan tu destino.



Álvaro Valverde


sábado, 24 de septiembre de 2011

LAS ABUELAS SIEMPRE VESTÍAN DE NEGRO de José Cercas Domínguez





Video y compaginación: Rosa Iglesias
Música original,canto y guitarra: Silvia Occorso



LAS ABUELAS SIEMPRE VESTÍAN DE NEGRO
José Cercas Dominguéz

Las abuelas siempre vestían de negro,
las recuerdo
comentando a la tenue luz de una bombilla,
como la risa se olvidó de sus labios.
Ellas levantaban sus laboradas manos,
sus dolientes cicatrices,
y sus canas cubiertas de abriles
para, rotundamente afirmar
que habían vivido una guerra tras otra,
cuando vestían de azul, la existencia,
¡ay! se que entre guerra y guerra,
vivieron sus contiendas;
vestían el luto del rosario
que todas las tardes de invierno entonaban
al abrigo de los braseros del picón de encina;
limpiaban de las calles el tosco oxígeno,
pulían con sus manos de acero, las losas frías de la patria,
pues llevaban entre sus dedos, la ruda escritura del trabajo.
Las recuerdo con sus delantales cenicientos
exponiendo sus penas bajo velos de seda.
Ellas, abuelas de antaño,
recogían sus moños del color de la lluvia,
en largas trenzas de soles y crepúsculos
y los cubrían con arrogantes pañuelos negros
que tapaban los suspiros musicales de la tierra.
Recuerdo a aquellas abuelas,
¡Dios, como las recuerdo!

lunes, 19 de septiembre de 2011

OCTUBRE de Carmen Alegre





OCTUBRE



Porque el silencio de lo que se hunde
es como el gris de las sombras
que temen a la noche,
se parece octubre a la luz
que arde en la piedra.
Y todavía puedo sacar tu nombre
de esta boca,
y todavía pienso en tu vientre
mientras acaba la tarde.
Porque se parece octubre
a una mancha en el suelo,
a la palabra anterior a la hoja caída,
y sólo la luz es luz
cuando te nombro.


Carmen Alegre



sábado, 10 de septiembre de 2011

EL OLOR DEL OLVIDO de Víctor Manuel Jiménez Andrada





EL OLOR DEL OLVIDO





Contigo sueño, pequeña flor
de la escondida Extremadura.
Recorro las calles de un pueblo
donde jamás estuve
ni estaré.
Percibo tu perfume
en las paredes encaladas
y en cada rincón.
Busco sin buscar
la presencia de tu ausente mirada
por caminos imposibles
y carreteras desiertas.

Si algún día llego a tu puerta,
por un azar diabólico,
me abrirás con una sonrisa
para decirme que has muerto
hace tantos años
que ni el recuerdo de flores marchitas
adorna tu tumba.




Víctor Manuel Jiménez Andrada


EL PAN Y LA SAL de Basilio Sánchez





EL PAN Y LA SAL




De una casa a otra se enviaban saludos,
las cintas de humo azul de los hogares
y, con las filtraciones de las primeras luces,
algunas nubes lentas.

Entre una casa y otra los silencios
eran ruidos de platos,
una flor esmaltada en unas tazas, el murmullo
de las copas de vidrio.

Desde hace algunos años
es un pueblo vacío,
uno de esos lugares que ya no necesita del crepúsculo.

Los muros de las casas
se han ido acostumbrando
al desfallecimiento, a los rigores
de las viejas moreras, de las parras silvestres.
En medio de las plazas,
al final de las calles, las sombras de las cosas
permanecen inmóviles,
nos hablan desde fuera del tiempo.

Ahora el cielo está quieto como un campo sin nada,
como el hombre sentado que lo mira.

Como el que en la maleza
busca aún las canciones perdidas de los niños,
algunas nubes lentas para la intimidad,
para el regreso.



Basilio Sánchez


viernes, 9 de septiembre de 2011

MENSAJE DE ROBINSON A TODOS LOS NÁUFRAGOS de Irene Sánchez Carrón





MENSAJE DE ROBINSON A TODOS LOS NÁUFRAGOS




No hay certezas detrás de tanta espera.

Náufragos que pobláis cualquiera de las islas
de este mar de silencio, transcurridos los años,
admitid de una vez que habéis sido olvidados.

Quizá pasaron barcos o pudieron ser sueños.
Escuchasteis canciones hechas de blanca espuma
que venían de lejos a embriagar los sentidos.

No miréis más el agua. El mar no es salvación,
sino vuestra locura. Las olas nada ofrecen.
Perdida ya la fe, no miréis más al mar.

Dirigid vuestros pasos sin dudar tierra adentro,
sin añorar más suerte. Dominad vuestras islas,
preparad la cosecha y recibid los frutos.

Levantad vuestra casa sobre firmes cimientos,
como si en ella hubierais de estar hasta la muerte,
esperada visita que arribará a la costa.

Cercioraos de estar completamente solos
y ordenad la soledad sin rabia o desaliento,
como si nadie hubiera de encontraros jamás.



Irene Sánchez Carrón


martes, 6 de septiembre de 2011

EL EMBARGO de José María Gabriel y Galán





EL EMBARGO




Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos ésos.
No le dé a usté ansia,
no le dé a usté mieo...
Si venís antiayel a afligila,
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s'ha muerto!
Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está jediendo.
Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro...
¡Jerramientas, que no quedi ni una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuvía que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro...
¡Pero a vel, señol jues: cuidiaíto
si alguno de esos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s'ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una noche muerto!...
Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo.
Lleváisoslo todu,
todu, menos eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo...
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!...


José María Gabriel y Galán


lunes, 5 de septiembre de 2011

POEMA A EXTREMADURA de José Cercas





A EXTREMADURA




Ella es mi tierra.
Hundo mis manos en el suelo
y levanto al aire su perfil sonoro.
Allí donde madura el alcornoque
y rezuma la higuera su fruto de miel y azúcar,
donde el olivo besa desde la historia el surco del lamento,
donde la encina danza desde las raíces del llanto;
allí habita mi tierra.
Es natural como las mieses que cubren los ejidos;
su corazón está forjado por el acero que remueve el surco
y en su pecho cada día nacen guitarras que trovan despertares.
De su terreo vientre brota la aurora,
la palabra dividida y el sempiterno beso.
Yo pronuncio su nombre en el tiempo,
lo escribo en las paredes donde surgen mares olvidados,
donde sus árboles remueven el oxígeno.
Ella es mi tierra;
es un jilguero con el olvido en el pico,
es una llanura cubierta de amarillo, ¡y es azul!,
y es un desnudo arco iris que muere en el instante.
Son sus poetas que lloran versos infinitos
son jinetes, cientos de jinetes rompiendo el silencio.
La cubren las cicatrices de guerreros tristes
y la pueblan los ecos allende los mares.
Geranios rojos inundan las vidrieras
y una torre que decrepita rompe el horizonte.
Es alegre, es mi madre y mi hijo y mis hermanas,
y la boca de mi hermano que huyo del aire,
y las rosas que cubren los ojos de mi padre.
Hundo mis manos en el suelo
y levanto al aire su perfil sonoro.
Porque ella es mi tierra.


José Cercas


CÁCERES de Juana Corsina





CÁCERES 




Marfileña luz sobre tus alcores
donde sin yerro se abren, abismales
palacios y castillos medievales
que de excelencia son embajadores.

Albergues de cigüeñas y de azores
con torres, almenadas y triunfales
calles, con vericuetos magistrales
que acarician, silentes, los albores.

Cáceres reconquista el sentimiento
y enorgullece a toda Extremadura,
con patrimonio de arte y crecimiento.

Historia secular, donde perdura
la esencia que le sirve de argumento:
"Europea ciudad de la cultura"

Juana Corsina


viernes, 2 de septiembre de 2011

VIENTO ENAMORADO de Antonia Cerrato Romo






VIENTO ENAMORADO



Es el aire el que mueve las Veletas
el que vuelca en plegaria las campanas
y esconde tras la hiedra, en albarranas,
el crotar de cigüeñas desinquietas.

Y esculpiendo su amor lanza saetas
que atraviesan escudos, barbacanas…
dulce beso que borda filigranas
en las piedras, amantes tan secretas.

Vuelto alfiz que perfila su hermosura,
de rodillas se postra en la Montaña
y declara su verbo en fina hechura,
porque es Cáceres dama a quien no engaña
lleva escrito entre yelmos y armadura
una rosa de vientos como hazaña


Antonia Cerrato Romo


jueves, 1 de septiembre de 2011

MARINERO DE LA VERA de Antonio Polo





MARINERO DE LA VERA


A mi padre,
¡Que nunca deje de navegar!

Trujillo (Cáceres) 1944,
mi padre espera la pleamar con una maleta de cartón.
Detenido frente a la estatua de Pizarro,
insta a acompañarlo a una playa mágica del Jerte.
Después abre los ojos y busca al que custodia
la puerta arcada de un cuartel en el Ferrol,
al que le enseñará el secreto de los cabos y las maromas,
al vigía de los faros que iluminaron sus quimeras,
al arrestado sobre un mástil que olvidó la contraseña,
a los pañoleros que custodian las velas de mesana,
al que se enamoró de un mascarón de proa en Buenos Aires,
a los tatuados cuyos antebrazos esconden siempre logaritmos,
a los marineros que lanzan al aire sus lepantos por las tardes,
a la adiestrada tropa que baldea la cubierta gris de los navíos,
a los neófitos y sus daguerrotipos con vírgenes de secano,
al tahúr que se juega el alma al otro lado de la dársena;
las redes amontonadas sobre los bolardos del puerto,
la media luna que acosa los pilares del Puente de las Pías,
a la meretriz hambrienta apoyada sobre un pañol de Infantería,
el gallardete añil tremolando en el mastelero de una fragata,
la lluvia que amenaza la retreta en el Cuarto de Banderas,
el desfile con su deslucida columna de inhábiles,
la oración que su madre le cosió bajo el forro de la chaqueta,
el escapulario de trapo negro manchado de pimentón,
el trozo de una vasija sagrada de Mérida,
y los restos de la carta esférica con la que siempre recordó a Galileo.
Madrid 1997, mi padre fondea en una bahía de cerezos blancos
mientras yo descubro la estrella Polar en una habitación del Hospital del Aire.


Antonio Polo